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Sus años lejos del fútbol profesional (1997 - 2008)

En marzo de 1998, meses después de anunciar su retiro, surgió la posibilidad de que volviera a jugar, esta vez para el club All Boys dirigido por su amigo Sergio Batista.Sin embargo, Maradona terminó rechazando esta oportunidad, que finalmente quedaría descartada, junto a toda posibilidad de regreso, cuando el juez Bonadío levantó la medida cautelar que impedía que la AFA lo sancione.Después de alejarse del fútbol profesional, Maradona no se ha dedicado a una sola actividad, sino que, entre otras diversas ocupaciones, ha sido comentarista deportivo, vicepresidente de la Comisión de Fútbol de Boca Juniors, conductor de televisión y ha realizado varias publicidades. Esta etapa de su vida se vio afectada, además, por graves problemas de salud causados por su adicción a las drogas, lo que lo llevó a realizar, con mayor o menor éxito, largos procesos de rehabilitación tanto en Argentina como en Cuba. En septiembre de 2000 publicó su autobiografía, titulada "Yo soy el Diego", en la que repasó su carrera futbolística y confesó los orígenes de su adicción a las drogas.En enero de 2000 Maradona fue internado en terapia intensiva en el Sanatorio Cantegril, mientras estaba de vacaciones en la ciudad uruguaya de Punta del Este. El jugador ingresó a la clínica con una crisis hipertensiva y un cuadro de arritmia ventricular. Su representante, Guillermo Cóppola, explicó que la internación no era por un problema con las drogas, sino que Maradona sufría de hipertensión. Sin embargo, en los análisis de sangre y orina fueron encontrados restos de cocaína, por lo que Maradona tuvo que declarar ante la justicia uruguaya, ya que el consumo, si bien no se encontraba penado, era considerado una "falta". Tras salir de la clínica, el 18 de enero de ese año viajó a Cuba para iniciar un tratamiento de rehabilitación, residiendo en ese país durante varios años.Tras su retiro, Maradona esperó más de cuatro años para realizar su partido despedida. El mismo se realizó el 10 de noviembre de 2001, en La Bombonera, en un partido entre la selección argentina y un combinado de estrellas. El seleccionado argentino, conducido por Marcelo Bielsa, contaba con la presencia de jugadores como Roberto Ayala, Juan Sebastián Verón, Javier Zanetti yPablo Aimar. El combinado de estrellas, dirigido por Alfio Basile, estaba integrado por jugadores de la talla de Enzo Francescoli,Éric Cantona, Davor Šuker, Juan Román Riquelme, Carlos Valderrama, Hristo Stoichkov, Nolberto Solano y René Higuita, entre otros. Tras el partido, un emocionado Maradona brindó un discurso, aceptando errores, en el que pronunció una de sus recordadas frases: "yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha".En 2003, Diego Maradona finalizó dos de sus relaciones más importantes: con su esposa Claudia Villafañe y con su representante y amigo Guillermo Cóppola. Su esposa inició la demanda de divorcio el 7 de marzo por abandono del hogar en 1998, luego de permanecer más de 13 años casados. Maradona y Villafañe contrajeron matrimonio el 7 de noviembre de 1989, en una gran fiesta realizada en el estadio Luna Park de la Ciudad de Buenos Aires. Con Cóppola finalizó la vinculación contractual y la amistad que los unía, iniciándole luego una demanda por un supuesto dinero adeudado.En abril de 2004 Maradona sufrió un importante problema de salud y fue internado en la Clínica Suizo-Argentina de Buenos Aires. Las autoridades de la clínica expresaron que el jugador había sufrido "una crisis hipertensiva, con un cuadro basal de cardiopatía dilatada". Maradona había regresado de Cuba tres semanas antes para visitar a su familia, y sus apariciones mediáticas previas a la internación no evidenciaron ningún tipo de problema. Los problemas cardíacos de Maradona eran agravados por su adicción a las drogas, por lo que, luego de que su salud se estabilizó, fue internado el 9 de mayo en la clínica neuropsiquiátrica "Del Parque" para iniciar un tratamiento de desintoxicación. Tras tres meses de internación, Maradona pidió permiso judicial para continuar su tratamiento en Cuba. El jugador no podía abandonar la clínica sin el consentimiento de su familia, quien ejercía su custodia bajo autorización judicial. Además, la asesora de Menores e Incapaces Elena Bortiri, promovió, con el consentimiento de su familia, la inhabilitación de Maradona por su drogadependencia, en base al artículo 152 bis del código civil. La inhabilitación se dicta para proteger al individuo, y a su familia, de sus propios actos, limitando su capacidad jurídica. A pesar del pedido de Maradona, quién llegó a reunirse con el Presidente Néstor Kirchner para solicitarle que mediara en la situación (aunque finalmente el tema no se trató en la reunión), el tratamiento continuó en la Argentina.Luego de dejar la actividad deportiva, y debido a sus excesos con la comida y las drogas, Maradona aumentó considerablemente de peso alcanzando los 120 kilos en febrero de 2005. En marzo de 2005 se sometió a una cirugía bariátrica (bypass gástrico) en la ciudad de Cartagena de Indias, Colombia, para el control de la obesidad y demás problemas relacionados con el sobrepeso. Gracias a la cirugía y a una estricta dieta, Maradona bajó en pocos meses más de 50 kilos.Maradona en el Soccer Aidrealizado en Inglaterra en mayo de 2006.Tras bajar en forma considerable de peso, le ofrecieron conducir un programa de televisión que se emitiría por Canal 13. Esto se concretó el 15 de agosto de 2005 con la primera emisión de su programa, La noche del 10. Como invitado para el primer programa escogió a Pelé, con quien mantenía un mediático enfrentamiento desde hace años. El programa tuvo entrevistas con varias personalidades, pero el hecho más importante fue la entrevista al líder cubano Fidel Castro, con quien mantiene una amigable relación desde su paso por la isla. El 7 de noviembre del mismo año fue transmitido el último programa del ciclo. Fue realizado en el Luna Park, y tuvo como principal figura invitada al boxeador estadounidense Mike Tyson. El programa fue ganador en los Premios Clarín Espectáculos 2005 en los rubros Mejor Programa de Entretenimiento y Mejor Producción; siendo Maradona elegido la Figura del Año. Además, obtuvo el Martín Fierro en la categoría Producción Integral. Mientras conducía su programa de televisión, también participó en un programa de baile emitido por la cadena RAI de Italia, al que finalmente renunció debido a problemas con el fisco italiano y por lo agotador que resultaba viajar hacia ese país dos veces por semana.El 30 de marzo de 2007 se estrenó en Italia una película biográfica, dirigida por el italiano Marco Risi —con guión de Manuel Valdivia, César Vidal y Manuel Ríos San Martín— titulada Maradona, la mano di Dio. Maradona vendió la exclusividad sobre cualquier producción audiovisual a Globomedia hasta el 2010, para llevar a cabo esta película y un documental realizado por Emir Kusturica.Se desempeñó como vicepresidente de Consejo de Fútbol de Boca Juniors desde junio de 2005 hasta agosto de 2006. Al ocupar el cargo, solicitó la designación de Alfio Basile como entrenador, lo que significó un acierto ya que bajo su conducción técnica el equipo consiguió varios títulos nacionales e internacionales. También ha continuado jugando al fútbol en partidos benéficos, como el Soccer Aid realizado en Inglaterra, y en una nueva modalidad de fútbol sala llamadaShowbol.El 28 de marzo de 2007 fue internado en el Sanatorio Güemes, debido a excesos con las bebidas alcohólicas. Se le diagnosticó una "hepatitis química, aguda y tóxica", por lo que debió permanecer internado hasta el 11 de abril, cuando los médicos le dieron el alta. Dos días después tuvo una recaída y debió ser trasladado por una ambulancia al hospital Madre Teresa de Calcuta de la localidad de Ezeiza, y luego derivado al Sanatorio de los Arcos de la Ciudad de Buenos Aires. Allí permaneció hasta que el 21 de abril decidió internarse en la clínica psiquiátrica Avril, para tratar su adicción al alcohol. Tras más de dos semanas de tratamiento, en las que llegaron a circular rumores de su muerte, el 6 de mayo abandonó la clínica y al día siguiente obtuvo el alta.

Fuente: www.wikipedia.org

Experiencias como DT de equipos: Mandiyu y Racing

Diego Maradona tuvo sólo dos experiencias como director técnico antes de llegar a la Selección argentina: cuando estuvo en el banco de suplentes del desaparecido Deportivo Mandiyú de Corrientes yen Racing , en la década del '90.
Maradona estaba suspendido por haber dado positivo en un control antidóping en la liga italiana, por lo que la federación de ese país lo sancionó con 15 meses.
En ese momento, el empresario Roberto Cruz le ofreció a Maradona hacerse cargo del equipo, que por entonces estaba en primera división.
Maradona formó dupla técnica con Carlos Fren, quien era el que se sentaba en el banquillo, puesto que el "Diez" no tenía aún el título habilitante.
El debut de técnico de Maradona se produjo el 3 de octubre de 1994, y el equipo correntino perdió ante Rosario Central por 2-1, por el torneo Apertura.
Su experiencia en el club correntino no fue de las mejores, dado que estuvo apenas dos meses, luego de doce partidos, de los cuales ganó uno, empató seis y perdió cinco, con un promedio de efectividad del 25 por ciento.
Al año siguiente, y como golpe de efecto, el entonces presidente de Racing, Juan De Stéfano contrató en el verano del '95 a Maradona, también junto a Fren.
A mitad de año había elecciones en el club y De Stéfano quería hacer una "revolución" en el fútbol argentino al tener a Maradona en el banquillo.
Diego debutó el 24 de febrero de 1995, en la primera fecha del torneo Clausura, y perdió ante Ferro por 1-0, en Caballito.
Su paso por el club de Avellaneda concluyó cuatro meses más tarde, el 6 de mayo, cuando Racing venció a Gimnasia y Esgrima de Jujuy por 1-0.
En Racing, Maradona dirigió 11 partidos, ganó 2, empató 6 y perdió 3, con un 45 por ciento de efectividad.
El mejor resultado que consiguió Racing con Maradona fue un triunfo ante Boca en La Bombonera, por 1-0, con gol de Roberto Galarza, que le permitió a los de Avellaneda ganar de visitante luego de 20 años.
Sin embargo, la ida de Maradona no se produjo por los resultados deportivos, sino por los electorales, dado que De Stéfano perdió los comicios a manos de Osvaldo Otero, y "por lealtad", Maradona dejó su cargo.

Fuente: www.minutouno.com

Diego con la Seleccion Argentina

"Cuando me pongo la camiseta de la selección, el sólo roce de la tela ya me eriza la piel". ¿Hace falta agregar algo más a esta definiciónn de Diego Maradona? Seguramente, no.
El primer contacto con esos colores fue en Chascomús. Aquel 3 de abril de 1977 quedó detenido en el tiempo. La Selección Juvenil Argentina le ganó 3 a 2 al Combinado de Chascomús. Solo cinco días después, en Cipolletti, convirtió su primer gol con esa camiseta. Y enseguida supo, también, que la tristeza era más tristeza, con la Argentina sobre las espaldas: ese mismo año, en el Campeonato Sudamericano de Venezuela jugaron tres partidos y... no pudieron ganar ninguno. Ya aparecía la bronca como el mejor combustible para potenciar su motor y buscar el desquite.
Claro que, demostrar y demostrarse eso, todavía faltaba el peor golpe: quedarse en la puerta del Mundial de 1978, justo en Argentina. Lloró sin consuelo, de verdad, como en un velorio. Y le prometió a su mamá, a su papá, a su novia, a los suyos, que ganaría todos los trofeos que hubiese en el mundo y se los llevaría a su casa.
En el camino de cumplir esa promesa, sorprendió al alemán Franz Beckenbauer, nada menos. Después de un partido amistoso que le ganaron al Cosmos, en Tucumán, el 3 de noviembre de 1978, el gran Káiser le pidió su camiseta, como recuerdo.
Se venía el Sudamericano de Uruguay, que clasificaba para el Mundial Juvenil, a jugarse en Tokio. Fueron subcampeones después de empatar con Uruguay, 0 a 0, el 8 de enero de 1979, y ganarle a Brasil, 1 a 0, el 31 de enero de 1979.
Entonces, sí, llegó la hora de la gran revancha.
Los primeros jugadores los eligió Ernesto Duchini y Cesar Luis Menotti terminó de darle forma a un equipo inolvidable. Único. "Nunca me divertí tanto dentro de una cancha. Sacando mis hijas, me cuesta encontrar una alegría semejante", según la definición del propio Diego. Cierta, por supuesto. Que lo digan los argentinos, que se levantaban a las cuatro de la mañana para verlos jugar. Los ojos del mundo no terminaban nunca de sorprenderse con tanta habilidad. Un taco por acá, una gambeta por allá. La formación de memoria, como las de los grandes equipos de la historia: Sergio García; Carabelli, Juan Simón, Rossi, Hugo Alves; Barbas, Rinaldi, Maradona; Escudero, Ramón Díaz, Gabriel Calderón.
Para todos ellos juntos, fue casi un tramite hasta llegar a la final. Unión Sovietica, era el último escollo. Empezaron perdiendo uno a cero. Sólo un susto. Tres a uno, con gol de Diego de tiro libre, fue el resultado final. Y la Copa en casa, en las manos de Diego, que quiso volver a Buenos Aires para vivir ese momento, para bajar de la escalerilla del avión con el trofeo en alto. Para la Tota, para don Diego, para la Claudia, para los suyos. Para todos. Para empezar a cumplir con la promesa.


LA SINTESIS (Selección Mayor)

Diego Armando Maradona es capaz de hacer cualquier cosa por la camiseta argentina. Por ejemplo, cruzar el Océano Atlántico cuatro veces en catorce días para jugar dos partidos amistosos. O pelearse con cualquier dirigente del mundo que le pague el mejor sueldo para hacerse un tiempo para ponerse la albiceleste. O salir a la cancha con el tobillo en una estado tan calamitoso que cualquier persona normal ni siquiera podría caminar y, así y todo, ser decisivo para ganar el partido.
Desde siempre lo siente así. Desde que en una tarde de febrero de 1977, después de una práctica de juveniles (él y sus compañeros) contra los mayores (ellos, Passarella, Gallego, Luque, Bertoni), el Flaco César Luis Menotti lo llamó aparte y le dijo, casi al oído, para que no se enterara nadie, que iba a quedar concentrado con los mayores, para el amistoso contra Hungría.
Fue el 27 de febrero de 1977 el gran debut. Y aunque Diego sabía que sólo iba a entrar si el partido se ponía fácil, el "¡Maradóóó, Maradóóó!" bajó temprano de las tribunas, reclamando la presencia de ese pibe que apenas tenía doce partidos en primera división pero talento de experto. Ellos lo intuían. El también.
El "¡Maradóóó, Maradóóó!" se escuchó muchas veces, entonces. En los 91 partidos oficiales, con 34 goles, que jugó con la camiseta más querida y también cuando no estuvo: para la gente, el himno se ha convertido en un sinónimo de exigencia cuando el equipo nacional no da lo que ellos quieren... Presente es ese curioso gesto y presente están, siempre, los pasos de Maradona en el seleccionado nacional.
En el noveno partido gritó un gol propio por primera vez. Fue el 2 de junio de 1979, en Glasgow, contra Escocia. La Argentina ganó 3 a 1 y los esoceses aplaudieron de pie a ese pibe con el pelo cortito por la obligación de la colimba, el servicio militar. Y tanto le gustó que en el siguiente partido patentó el festejo, saltando al aire, las piernas abierta, la rodilla derecha más arriba y el puño del mismo lado revoleado al cielo: fue en el Monumental, el 25 de junio de 1979, contra tantos monstruos que eran el Resto del Mundo. Algo de bronca y rabia, como siempre, había en aquel logro: un años antes, por eso era el partido, un festejo, el seleccionado argentino de César Luis Menotti se había consagrado campeón del mundo... Sin Maradona. Para el Flaco, había otros números 10 antes que él en aquel momento, 19 de mayo de 1978, el momento de la decisión, como Valencia, Villa, Alonso, Larrosa. Para Maradona, no habría amargura más grande. Tampoco tanto combustible junto para buscar la revancha.
Hacer goles se le hizo costumbre, entonces. A Bolivia, a República de Irlanda, a Polonia, a la Unión Soviética, a Brasil. Y Austria, entre medio de todos esos partidos: fueron tres juntos, por primera vez, en Viena, el 21 de mayo de 1980; una verdadera sinfonía.
Entre 1979 y 1980 jugó 18 partidos en la Selección y convirtió 11 goles. En 1981, apenas 2 encuentros y ningún grito. Y enseguida, la vigilia del Mundial ’82. con 5 cotejos.
Para un ganador como Diego, España ’82 fue una gran frustración, claro que sí. Ya transferido al Barcelona, todos los ojos estaban posados sobre él, esperando la explosión del número uno. No pudo ser. Y por razones varias: un grupo sin demasiado hambre, fallas tácticas, carencias individuales y muchos golpes, sobre todo a... Maradona. Si se busca una alegría de aquel debut mundialista, es posible encontrarla en sus dos primeros goles a semejante nivel: los dos a Hungría, el 18 de junio de 1982, para el 4 a 1. A los golpes, después, el italiano Claudio Gentile empezó a empujarlo. Y una sobrada de los brasileños provocó la definitiva salida: planchazo en los genitales a Dirceu, tarjeta roja y chau primera Copa del Mundo, el 2 de julio de 1982.
Insólitamente, volvió a jugar en el seleccionado casi tres años después. Ya era jugador del Napoli. Carlos Salvador Bilardo lo eligió y él aceptó: sería capitán, sería titular, sería bandera. Fue, quizás, el mayor acierto de Bilardo en toda su carrera. El compromiso de Diego fue tan grande que aquel 9 de mayo de 1985, cuando se puso otra vez la camiseta albiceleste, contra Paraguay, 1 a 1, quedará en la historia por eso y por el periplo que aceptó realizar el Diez, símbolo de un compromiso sin reservas, que sería la marca registrada de los seleccionados argentinos durante mucho tiempo: cruzar el Atlántico no era cansador para él si del otro lado estaba el equipo nacional.
La pelea, entonces, fue otra: nadie, salvo los jugadores y el cuerpo técnico, quería al seleccionado. Y la clasificación agónica para el México ’86 no ayudó nada de nada. Pero Diego confiaba. Y Bilardo confiaba en Diego. Entonces llegó el Mundial.
Nadie es capaz de refutar que la influencia de Diego Armando Maradona en aquel equipo campeón del mundo no tiene comparación. Y que pocas veces en la historia hubo un número uno tan definido. Debería basta con la mención del gol, El Gol, el mejor gol de todos los tiempos: 22 de junio de 1986, estadio Azteca, México, toda Inglaterra en el camino, la pelota en el arco, ¿qué más? Hay más, hay otro gol histórico en el mismo partido, con La Mano de Dios. Como robarle la billetera a los ingleses, éste; vengar a los pibes de Malvinas, aquel. Definiciones de Maradona, todas.
Si en algo se equivocó Diego fue en pensar que aquella imagen suya, con la Copa del Mundo en alto, el 29 de junio de 1986, bastaba para acabar con las discusiones. Al contrario.
Si él había pensado que aquel que se consagró era un equipo realmente suyo sobre todo porque luchaba contra todo, debía acostumbrarse a seguir de la misma manera.
Fueron tiempos de lucha, los siguientes. Dos Copa Anmèrica, 1987 en la Argentina y 1989 en Brasil, para olvidar rápido. Y enseguida, el desafío de Italia ’90, para defender lo que era suyo: la Copa del Mundo. A ningún Mundial llegó Maradona como a aquel. Venía de lograr su segundo scudetto con el Napoli, volaba físicamente. Hasta que un tonta uña encarnada del dedo gordo del pie derecho le puso un bache en el camino, una gripe inoportuna otro más y las patadas de los cameruneses finalmente lo detuvieron. Fue el 8 de junio de 1990, en el Giusseppe Meazza de Milano; Camerún 1, Argentina 0; una de las derrotas más dolorosas en la carrera de Maradona.
La cosa era, como tantas otras veces, enojarse y arrancar de nuevo o dejarse caer. De a poco, arrancaron. Y a fuera de penales (Grande, Goyco) llegaron. A la final, llegaron. Con despojos de jugadores, incluido Diego, allí estuvieron. Antes, tuvieron que eliminar a Italia, en las semifinales; para Diego, aquel triunfo por penales, en su San Paolo, después del 1 a 1, fue la sentencia de muerte. Resultó lógico, entonces, que el 8 de julio de 1990, en el estadio Olímpico de Roma, en la final de la Copa del Mundo, el árbitro mexicano Codesal ignorara un claro penal de Matthäus a Calderón en el área alemana y viera uno de Sensini a Völler en el área argentina. Fue subcampeonato. Para Diego, inservible. Los segundos puestos no se festejan.
Diego lloró en la cancha, al final. Lloró con la grandeza que no tuvo el público para entender esa tristeza y silbó. Para Diego, fue uno de los peores golpes de su vida: "Nunca imaginé que hubiera gente que se alegre por mi tristeza", dijo entonces.
Le costó volver al seleccionado después de tanto dolor. Poco más de dos años y medio. El 18 de febrero de 1993, en el marco de los festejos por el centenario de la Asociación del Fútbol Argentino, jugó contra Brasil, en el Monumental. Ya había sido nombrado, con justicia, qué duda cabe, el más grande futbolista argentino de la historia.
Y cuando pocos pensaban que volvería, tras aquella maldita suspensión por quince meses del ’91, allí estuvo, liderando al equipo del Coco Alfio Basile hacia la clasifiación para el Mundial de 1994. Australia lo vió festejar su cumpleaños número 33 y también la posibilidad de su carta Copa del Mundo.
Estaba muy bien. Era el mejor. El milagro se había concretado. Gritó su gol inolvidable contra Grecia, el 21 de junio de 1994, y luchó contra los nigerianos. No pudo con la FIFA; algo le buscaron, algo le encontraron. Y lo echaron.
Lo echaron de un Mundial, apenas. Jamás podrán sacarlo de la historia.

Fuente: www.diegomaradona.com

Diego en Newells

Debutó el 10/10/1993 contra Independiente. Perdió 3 a 1. Con una estampa de delgadez impactante, demostró que la magia no tiene edad ni peso: su rabona en la presentación está en la historia, aun cuando no fue gol.
La aventura terminó pronto. No tanto como para evitar que naciera un feeling que ninguna estadística podrá romper. Jugó 5 partidos y no convirtió goles.

Fuente: www.diegomaradona.com

Diego en Sevilla

Debutó el 4/10/1992. Contra el Athletic Bilbao, en el estadio San Mamés. Perdió 2 a 1. Su regreso a España no podía ser en otro sitio que ese, la Catedral de sus eternos rivales vascos. Tuvo sus chispazos, sobre todo contra los grandes, como Real Madrid y Barcelona.
Se despidió contra el Burgos, a los gritos, el 12 de junio de 1993. En total, jugó 29 partidos y convirtió 8 goles.

Fuente: www.diegomaradona.com

Diego en Napoli

Maradona ya estaba en Nápoles cuando se enteró de que su nuevo club se había salvado del descenso por un sólo punto en la última temporada. Si bien se sorprendió, no se alarmó; ya estaba acostumbrado. Fue como volver a los orígenes, a aquel Argentinos Juniors que les peleaba desde abajo a todos los grandes.
Lo que sí le llamó la atención de esa populosa y sureña región a la que arribaba, fue la discriminación que sufría de parte del resto de Italia. Lo vivió de entrada, nomás. Cuando viajó al norte con el equipo, para jugar su primer partido en la Liga italiana, en el millonario calcio, contra el Verona. Fue el 16 de septiembre de 1984 y el dolor y las ganas de revancha se mezclaron en la sangre de Maradona por el resultado en contra, 3 a 1, y por las banderas de los hinchas rivales. "¡Lavatevi!", lávense, se leían en ellas.
El calcio ya era el campeonato de las estrellas y el Napoli tenía la mayor, pero le faltaba otras para brillar en serio. La primera rueda de aquella primera temporada, 1984/85 fue la de un equipo que apenas hace méritos para salvarse raspando del descenso. La segunda, en cambio, ya tuvo otro color: el Napoli sacó más puntos que el equipo que finalmente se consagró campeón, el Verona del italiano Galderisi, el alemán Briegel y el danés Elkjaer-Larsen.
De la mano de Diego, descenso había pasado a ser una mala palabra hasta en el dialecto napolitano.
El cambio de mentalidad fue tan evidente que, en la segunda temporada, la 1985/86, y en sociedad con un delantero que él mismo había hecho comprar, Bruno Giordano, el Napoli de Maradona asustó a los poderosos del norte: finalizó tercero y entre el nuevo número nuevo y Diego convirtieron 21 tantos. Temblaba la Juventus, que en ese año se quedó con el scudetto. Por poco tiempo...
La explosión se produjo en la tercera temporada, la de 1986/87: tras 60 años de espera, el Napoli consiguió su primer scudetto, dejando en el camino al poderoso Milan y desatando el carnaval napolitano. La consagración fue en el San Paolo, el 10 de mayo de 1987; le alcanzón con empatar, 1 a 1. A partir de aquel dí y sin temor a la herejía, los napolitanos entronizaron a un nuevo santo: junto a San Gennaro, patrono de la ciudad, ahora estaba El Diego. O Diecó, mejor.
Ciudad de extremos al fin, Nápoles vivió el gozo y la frustración con la pasión con que sólo puede vivirse allí en la cuarta temporada de Maradona, la de 1987/88. Fue, quizás, el mejor arranque del Diez y de todo el equipo en su historia de vida juntos, pero todo se derrumbó de tal manera al final que es imposible darle la dimensión verdadera. Resultó que el Napoli comenzó como una máquina arrasadora, batiendo todos los records estadísticos a los que los italianos son tan propensos, pero cerca de la meta su motor se fundió. La fórmula Ma-Gi-Ca, conformada por el mismo Maradona, Giordano y Careca, el brasileño que se había sumado al club, no fue suficiente para evitar el desastre: de los últimos siete partidos, perdió cinco y empató dos. El partido clave se perdió contra el Milan, 3 a 2, el 1 de mayo y en el mismísimo San Paolo. La sombra del totonero oscureció la imagen de un grupo excpecional, le costó el puesto a varios y obligó a Maradona a redoblar la apuesta, molesto por la sospecha.
En su quinta temporada, la de 1988/89, el Napoli demostró que no era ninguna casualidad pelear arriba. Perdió la pulseada ante un gran Inter., pero fue más allá de las fronteras italianas: Maradona le regaló la primera Copa de la UEFA de su historia, en una extraordinaria campaña y venciendo al Stuttgart alemán; el partido final de vuelta se jugó en Alemania, 17 de mayo de 1989, y el empate, 3 a 3, permitió la vuelta olímpica.
A esa altura, Diego pensaba que su ciclo ya había terminado. Pero ningún dirigente se animaba a abrirle la puerta para dejarlo salir. Por eso, pese a la promesas incumplidas, afrontó su sexta temporada en el Napoli, la de 1989/90, con una gran dejo de resentimiento. Se sabe: el combustible de Maradona muchas veces ha sido la bronca. Y esta vez no fue la excepción: cabeza a cabeza con el Milan, en el final sacó la diferencia decisiva. Y cuando todos pensaban que ya existía el gran Napoli de Maradona, el gran Maradona de Napoli respondió a su manera: con el segundo scudetto para la historia del club. La consagración fue otra vez en el San Paolo, con una victoria contra la Lazio, por 1 a 0, el 29 de abril de 1990.
Inmeditamente, empezó el Mundial de Italia ’90. Y en él, la eliminación de los italianos a mano de Argentina. Quizás por eso, Maradona jamás debió afrontar su séptima temporada allí, la de 1990/91. Demasiada bronca había contra él, no llegó a terminarla. Jugó su último partido el 24 de marzo de 1991, contra la Sampdoria, en Genova. Un caso de doping que aun hoy está bajo sospecha lo obligó a escapar de Italia, sin despedirse Maradona de los napolitanos como uno y otro lo merecían.
Igual, tan grande es la historia de Diego en el Napoli que hoy continúa. Y continuará por siempre.

Fuente: www.diegomaradona.com

Diego en Barcelona

Debutó el 4/9/1982, contra Valencia. Perdió 2 a 1, hizo un gol. Buscaba revancha después de la frustración mundial. No se la hicieron fácil. Una hepatitis, primero. Un golpe criminal, después. Ganó la Copa de la Liga y la Copa del Rey. El 5 de mayo de 1984 se despidió con una derrota, contra Athletic de Bilbao, en la final de la Copa del Rey.
Jugó 58 partidos y convirtió 38 goles. Por encima de todo, su magia está en la memoria catalana.

Fuente: www.diegomaradona.com

Diego en Boca Juniors

Para que no queden dudas, de entrada: Boca es Maradona, Maradona es Boca. Aquella historia que tiene avales en la propias palabras del protagonista de esta historia, sobre su simpatía con Independiente, tiene una razón, también en Boca de Diego: su fascinación por el juego extraordinario de Bochini y de Bertoni. Pero lo cierto es que en aquella humilde casita de Azamor y Mario Bravo, la suya, en Villa Fiorito, flameaba en los corazones familiares una única bandera: la de los colores azul y oro. Eso mamó desde pequeño. Y además, intuyó, también desde muy chico, que algo muy especial se estaba gestando entre él y el pueblo boquense.
Fueron los primeros que lo ovacionaron en una cancha, cuando aquel "¡Que se quede / Que se quede!" se convirtió en himno en el entretiempo de un partido de primera entre Argentinos y... Boca. El no tenía más de 12 años. Años después, no demasiados, siempre con la camiseta de Argentinos le pegó cuatro cachetazos a un símbolo de Boca, a Hugo Orlando Gatti. Fueron cuatro goles en un solo partido que provocaron otra ovación unánime: la de los hinchas de Argentinos, por supuesto, y también la de los hinchas de... Boca.
Por eso presionó como presionó para que un día, al fin, se pusiera esa camiseta. Al punto de que él mismo generó el pase. Así fue: el gran interés era de River Plate, que daba hasta lo que no tenía para contar con él; sólo bastó que él sugiriera en una entrevista que Boca Juniors también estaba interesado —cuando en realidad Boca no tenía ni interés... ni plata- para que la historia cambiara de rumbo.
Al fin, el sueño se concretó, en una operación financiera que podría estar en la leyenda de la economía mundial. Millones de dólares, avales bancarios, cuotas escalofriantes.
Nada suficiente para pagar lo que generó, desde aquel debut contra Talleres de Córdoba, el 22 de febrero de 1981. Dos goles de penal en una Bombonera colmada que le permitieron adquirir la seguridad que su ajetreado físico necesitaba, porque era conciente de que no podía dar todo lo que tenía de entrada.
En el arranque, le cedió la posta del protagonismo a Miguel Angel Brindisi, un socio ideal. Como para que nadie dudara, igual mostró su distinción en los partidos diferentes. Como contra River, en la Bombonera nocturna y lluviosa, tres a cero inolvidable, 10 de abril. Y en el remate del campeonato, el mejor Maradona. Para dejar atrás a aquel Ferro de Carlos Timoteo Griguol, engorroso pequeño gran rival que mezclaba fútbol, básquetbol y ajedrez, con ese Boca que luchaba y luchaba dirigido por Silvio Marzolini.
Después llegó el Nacional. Pero no vino solo. Lo acompañó una serie de giras y partidos amistosos que terminaron por minar tanto el físico de todos, que el camino quedó más tranquilo para la marcha del River de Kempes.
Diego se fue de Boca en el verano del ’82, casi un año exacto después de su llegada. Pero no se fue para siempre...
El embarazo de catorce años, gestado en Europa, desarrollado en Barcelona, Nápoles y Sevilla, con un acercamiento final en la argentina Rosario, finalmente derivó en el parto del gran retorno.
1995 fue el año; octubre, como corresponde en cada renacimiento maradoniano, el mes. Primero en la lejanísima Corea del Sur, tierra amante de Maradona como pocas. Después, en La Boca, su tierra. "Quiero que la gente diga otra vez: ‘Vamos a la cancha, vamos a ver a El Diego’", deseó en una frase íntima. Y así fue. En La Bombonera otra vez, el 7 de octubre de 1995, pisó la cancha más querida. Boca ganó 1 a 0, pero ese fue un detalle.
Todos fueron detalles, en realidad. Cada uno de los 30 partidos que jugó, imponiendo algo que fue más allá de sus 7 goles, sus triunfos, sus empates, sus derrotas en aquellos dos años, dirigido consecutivamente por Silvio Marzolini, Carlos Bilardo y Héctor Veira: la sensación inevitable de todos y cada uno de sus compañeros y rivales de que estaban compartiendo el campo de juego con un monumento de carne y hueso. Y de talento.
Lo persiguieron con extraños controles antidoping hasta que el dolor (no físico, sí del alma) lo obligó a gritar basta. Justo contra River, justo en el Monumental, justo cinco días antes de cumplir 37 años de edad. Aquel 25 de octubre quedará en la historia. Lo que nunca nadie se animará a escribir es lo que sigue: fue el último partido oficial de fútbol de Diego Armando Maradona. Sólo es una referencia; jamás una verdad absoluta.

Fuente: www.diegomaradona.com

Diego en Argentinos Juniors

Debutó en Primera División el 20 de octubre de 1976 contra Talleres de Córdoba, en la vieja cancha de Boyacá y García, La Paternal. Le faltaban diez días para cumplir 16 años. El entrenador, Juan Carlos Montes, lo mandó a la cancha: "Vaya, Diego, y haga lo que sabe". Y él hizo. Para empezar, un caño al primer rival que se le cruzó en la primera pelota que tocó. Perdieron 1 a 0, pero él ganó.
Jugó con esa camiseta hasta 1980. Fueron 166 partidos con 111 goles. Fue la primera batalla de una guerra permanente: engrandecer a los humildes.


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Títulos del Diez

* 1978: Goleador del Torneo Metropolitano.
* 1979: Goleador del Torneo Metropolitano.
* 1979: Goleador del Torneo Nacional.
* 1979: Campeón Mundial Juvenil con la Selección Argentina.
* 1979: Olimpia de Oro al Mejor Jugador Argentino del Año.
* 1979: Elegido por la FIFA el Mejor Jugador de América del año.
* 1979: Obtiene el Balón de Oro al Mejor Futbolista de la Época.
* 1980: Goleador del Torneo Metropolitano.
* 1980: Goleador del Torneo Nacional.
* 1980: Elegido por la FIFA el Mejor Futbolista de Sudamérica del año.
* 1981: Goleador del Torneo Nacional.
* 1981: Recibe el Trofeo Gandulla al mejor Futbolista del Año.
* 1981: Campeón del Torneo Metropolitano con Boca Juniors.
* 1983: Campeón de la Copa del Rey con el Barcelona.
* 1985: Nombrado Embajador de la UNICEF.
* 1986: Campeón Mundial con la Selección Argentina.
* 1986: Segundo Olimpia de Oro al Mejor Jugador Argentino del año.
* 1986: Es declarado Ciudadano Ilustre en la Ciudad de Buenos Aires.
* 1986: Obtiene el Botín de Oro entregado por Adidas al mejor Futbolista del Año.
* 1986: Obtiene la Pluma de Oro al mejor deportista de Europa.
* 1987: Campeón del Scudetto de la Liga de Italia con el Napoli.
* 1987: Campeón de la Copa Italiana con el Napoli.
* 1988: Goleador del Torneo de Italia con el Napoli.
* 1989: Campeón de la Copa UEFA con el Napoli.
* 1990: Campeón del Segundo Scudetto de la Liga de Italia con el Napoli.
* 1990: Obtiene el Premio Konex de Brillante a su distinción deportiva.
* 1990: Sub-Campeón Mundial con la Selección Argentina.
* 1990: Nombrado Embajador Deportivo por el Presidente de la Nación.
* 1990: Campeón de la Supercopa Italiana con el Napoli.
* 1993: Elegido el Mejor Futbolista Argentino de todos los Tiempos.
* 1993: Campeón de la Copa Artemio Franchi con la Selección Argentina.
* 1995: Obtiene el Balón de Oro al mejor jugador de todos los Tiempos.
* 1995: Elegido como "Maestro Inspirador de Sueños" por la Universidad de Oxford.
* 1999: Olimpia de Platino al Mejor Jugador del Siglo.
* 1999: Recibe el premio de la AFA, como el mejor deportista del siglo en la Argentina.
* 1999: Su gol a Inglaterra del año 1986 es elegido el mejor gol de la historia del fútbol.
* 2000 Sufre un ataque cardíaco en Punta del Este. Es trasladado a Buenos Aires, tras estar varios días internado.
Cumple 40 años y presenta su libro: "Yo soy el Diego de la Gente"

* 2001 Es operado en Colombia de su rodilla derecha, para estar presente en su partido homenaje del 10 de noviembre, tras el cual, por decisión de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), se retirará la camiseta número 10 de la selección argentina, en su homenaje.

* 2003 Maradona y Coppola rompen sus vínculos contractuales y lazos de amistad. El empresario ya no será el representante del “10” y paradójicamente ese lugar sería ocupado por la ex esposa del crack, Claudia Villafañe.

* 2004 Galardonado como uno de la FIFA 100

2005 Premio Domingo Faustino Sarmiento entregado por el Senado de la Nación Argentina